Entre machacas y becarios

Baby Driver

Edgard Wright estuvo a punto de ser el director de Ant-Man, pero los responsables debieron de pensar que era mucho riesgo, lo cual resulta extraño cuando uno ha visto una película como Baby Driver, que respira por todos sus poros todo aquello que uno le pide a un entretenimiento de verano. Supongo que el (relativo) temor estaría en que es un director muy personal, que al igual que por ejemplo Tarantino consigue dejar su huella en todo aquello que pasa por sus manos, siendo menos manejable que otros realizadores más rutinarios que no tienen problema para que la productora de rigor les dicte como han de proceder.

Esta Baby Driver, sin ser (ni pretenderlo) ninguna obra maestra, si se puede decir que es un magnífico musical repleto de altas dosis de acción (o a la inversa, no hay problema con ello) cuyo ritmo parece ser el de un continuo videoclip de 115 minutos en el que Edgard Wright ha montado la historia del film (una sencilla y funcional, pero muy bien retratada) al ritmo del muy extenso listado de canciones que van sonando en uno de los Ipad del joven protagonista (un muy acertado Ansel Elgort a quien se le ha visto en varias entregas de la saga Divergente o en la notable Bajo la misma estrella), que dispone de tantos que tiene para cada día de la semana o según su estado de ánimo.

De hecho él es el Baby del título y lo conocemos como el muy intrepido conductor de una pandilla de ladrones encabezada y dirigida por Kevin Spacey, y entre cuyos componentes están los personajes a cargo de Jon Hamm, Jamie Foxx o Jon Bernthal, todos ellos villanos de manual que encuentran muy irritante el tono impertérrito con el que Baby participa en sus asaltos (aunque luego se nos justifica tanto el motivo por el que lo hace todo a ritmo de música así como el hecho de que tan solo hable lo justo y necesario, otorgándole una mayor simpatía hacia el espectador) Nuestro joven protagonista quiere abandonar el mal camino y piensa que al conocer a la chica de sus sueños lo podrá hacer (papel a cargo de Lily James, la Cenicienta de Kenneth Branagh), pero antes tendrá que dejar bien saldadas unas cuantas cuentas en diferentes frentes.

Como he indicado antes, la historia no sería la más original del mundo, cayendo en clásicos esquemas manidos que poca sorpresa pueden aportar, pero al igual que Tarantino recicla de su memoria cinéfila para presentar como nuevo algo que quizás no lo es tanto, lo mismo le ocurre aqui a Edgar Wright, ya que nos ofrece un entretenimiento vertiginoso. Desde su misma secuencia inicial ya nos deja claro por donde va a circular, pero consigue de inmediato la atención del espectador no solo por unos personajes muy interesantes (incluso el de Kevin Spacey pese a ser el menos desarrollado) sino porque pese a que esta sea una película de ladrones donde uno se quiere redimir, aqui nos presentan un esquema tan sencillo como no nos lo habian mostrado hasta ahora, con la música siendo una protagonista más y cuadrando todo de manera acertada.

Se podría decir que en el Baby protagonista también está reflejada en parte la personalidad de Wright, ya que las mezclas de sonido que hace el joven héroe de este film se podrian interpretar como la manera de realizar películas de su director, donde una serie de influencias culturales y cinematográficas dan como resultado algo más personal (y ahi radicaría lo que ocurrió con Ant-Man, donde no se plegó a hacer las cosas como le mandaban) En resumidas cuentas Baby Driver sería una película que MOLA de verdad (este apelativo coloquial estaría más que justificado aqui), sin caer en el exceso innecesario y equilibrando muy bien toda una serie de elementos más propios de la serie B, dando como resultado un film vertiginoso, potente, elegante (tanto visual como musicalmente hablando), recomendable y con altas dosis de entretenimiento.

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