Entre machacas y becarios

Cars 3

Cuando al finalizar la película le dí una breve opinión sobre este film al compañero que tuve en este pase me contestó si acaso esperaba otra cosa de la tercera parte de una película sobre coches. ¿Otra cosa? Para ser sinceros hace tiempo hablar de Pixar era hablar de los dioses de la animación, aquellos que te podían hacer perfecto cualquier cosa que imaginaras, y encima con historias que eran del tono ingeniosas, sin recurrir (algo evidente en las secuelas) a las sensaciones transmitidas por los títulos previos. En su día admito que Cars me gustó bastante, pese a una historia tópica donde lo novedoso estaría en asistir a un esquema narrativo usual pero con coches como protagonistas. La cosa se torció en Cars 2, que fue para mi una decepción no por su apartado técnico (ahí volvieron a cumplir bien) sino por su absurdo homenaje a la saga Bond (otra que también tiene tópicos como para parar un tren) unido al hecho de darle más tiempo al personaje de Mate, la vetusta grua amiga del protagonista y que (seamos claros) es lo más irritante que ha habido desde el muy cansino Jar-Jar Binks de las precuelas de Star Wars.

Afortunadamente esto último queda corregido en esta tercera entrega, donde ese estúpido personaje se ve limitado para lo justo y necesario (incluida una escena tras los créditos que tampoco aporta nada digno de mención) mientras que la historia estaría centrada en como Rayo McQueen tendrá que ver como un vehículo nuevo le quita los premios y la gloria, llevándole a dudar sobre su posible retiro. Aún así, lejos de asumir que su tiempo ya pasó, nuestro héroe se busca una nueva entrenadora (Cruz Ramirez) con la que demostrará que aún puede tener muchos días de gloria en las carreras. Con semejante premisa me imagino que muchos ya verán previsible por donde circulará la historia de este film (y ya les adelanto que no se equivocarán mucho) por lo que no me extraña que algunas críticas la hayan comparado en su esquema a Rocky, con la que se podría decir que guarda algún que otro detalle en común.

Eso no está mal, pero lo mismo que le pasaba a la anterior con el esquema Bond, estamos hablando de una típica historia de superación personal donde al final nuestro héroe conseguirá sus objetivos (¿alguien esperaba que no fuera así?) dejando incluso espacio a que el devenir de los acontecimientos le lleve a madurar y saber ceder terreno llegado el momento, lo cual bien podría ser el leitmotiv de la extensa saga del boxeador de Stallone (así como tantos sucedaneos que ha tenido) por lo que la novedad brilla por su ausencia, ya que sustituyen a los personajes por coches y al cuadrilátero pugilístico por pistas de carreras. Aún así admito que dicha premisa se aguanta mejor que la previa del espionaje, e incluso nos puede llevar al grato recuerdo del título inicial de 2006, pero la novedad de ver a vehículos como si fueran los animales antropomórficos de una fábula ya no es la misma, y aunque la historia cumpla, viniendo de quien viene sabe a poco.

Es cierto que el cine no deja de ser un negocio, donde se invierte para sacar beneficios, pero Pixar demostró en secuelas (como Toy Story 3) que la calidad no está reñida con la rentabilidad, pero lo que pasa es que igual son más entrañables los juguetes de aquella que los coches de esta, que parece realizada tan solo para vender más merchandising, ya que estamos hablando de una de las franquicias más rentables de Disney (hasta que llegó la también popular Frozen, de la que ya hay en marcha una secuela) en donde la película es tan solo un elemento más en una cadena de producción, lo que deja en un segundo plano cualquier intención un tanto artística. Resulta evidente que en el poco imaginativo panorama actual el hecho de reciclar viejas ideas está a la orden del día (entre otras cosas mediante secuelas como esta), y no seré yo quien niegue que es un sistema que funciona en mayor o menor grado, pero Pixar nos había (mal) acostumbrado a películas originales e imaginativas, y tengo que admitir que el último hasta la fecha que podría calificar así sería Del Reves (Inside Out).

De todas maneras a nivel técnico de nuevo la calidad resulta intachable, destacando secuencias como la que ocurre en una pista embarrada, e imagino que teniendo en mente el film inicial, se recurre a personajes del mismo como Doc Hudson al que vuelve a poner voz el difunto Paul Newman, pero no porque se haya levantado de la tumba para ello sino porque se ha aprovechado varios audios inéditos que quedaron grabados de la primera película en 2006 con los que poder llevar a cabo los flashbacks de su personaje que hay en esta. Otra curiosidad de esta secuela, relacionada con su evidente parecido a la saga de Rocky, estaría en llamar a uno de los personajes Cal Weathers, con apenas una letra omitida respecto al nombre del actor (Carl Weathers) que interpretó a Apollo Creed en la citada saga pugilística. 

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