Entre machacas y becarios

Feliz día de tu muerte

La década de los noventa nos ofreció, entre otras muchas películas, dos que fueron unos rotundos éxitos así como dos films realmente notables y destacados, cada uno por sus propios motivos: me refiero a Atrapado en el tiempo de Harold Ramis y Scream de Wes Craven, que serian los más claros ejemplos con los que se puede comparar al presente título, el cual mezcla sin problemas las premisas básicas de las películas antes citadas. De hecho incluso cita a la primera de ellas, en un detalle referencial que si acaso se me antojó demasiado evidente, ya que aunque resulta muy clara la inspiración tampoco es plan de desvelarla (si bien puede servir para que descubra la película de Ramis una nueva generación: la de los adolescentes actuales hacia los cuales va dirigida de forma precisa la presente cinta, y que como deja bien palpable el momento, pueden desconocer todo tipo de cine anterior al cambio de milenio)

Tengo que admitir que no he visto casi ninguna de las películas anteriores de la productora Blumhouse, siendo la única excepción Múltiple, pero si son el resto tan medianamente entretenidas como esta (que también es de ellos) no descarto darles una futura oportunidad. Pero centrándonos en el presente caso cabe indicar que hay que disfrutar de esta película con esa misma ligereza que ella denota en todo momento, ya que esta inesperada sorpresa de que estemos ante un título reivindicable en su sencillez se basa sobretodo en que no esconde sus artificios y no aspira en ningún momento a ser un film primordial, sino tan solo un divertido pasatiempo.

La protagonista de esta película (a cargo de la actriz Jessica Rothe, vista por ejemplo en La La Land) es una universitaria con todos los estereotipos como para que de entrada te caiga mal, que por circunstancias que nunca se nos llegan a aclarar (aunque tampoco hace falta) se ve obligada a repetir una y otra vez el aciago día de su cumpleaños, en el cual ella siempre acaba asesinada por un misterioso personaje que se esconde tras una máscara. Con semejante premisa argumental a un espectador veterano le son evidentes los parecidos con los títulos citados al principio de esta crítica, pero como la propia película es consciente de ello se dedica a jugar con el espectador de una manera simpática para hacernos cavilar quien será la persona que se esconde tras la citada máscara, si bien Christopher Landon (el director de esta cinta) no consigue llegar al acierto de un experto en el género como fue Wes Craven, lo que se hace muy evidente en su sencilla (aunque razonada) resolución.

De todas maneras hay que reconocer que su intención no es ser la cumbre de la originalidad, y ese evidente desenfado con el que está llevada a cabo (y que es el mejor talante para verla y disfrutarla) se hace evidente en su claro propósito de ser una mezcla de conceptos atrayente y simpática (algo claro desde el inicio, con el logo de la Universal reiniciándose varias veces antes de dar comienzo la película) más que el hecho de llegar al nivel de sus fuentes de inspiración, un objetivo que tampoco pretende, siendo consciente de sus limitaciones, pero que una vez vista queda claro que tampoco alcanza. A su favor cabe citar también un acertado sentido del ritmo, que consigue mantener el interés del espectador durante sus muy ajustados 96 minutos de metraje, a lo que ayuda un acertado guión obra del guionista de comics Scott Lobdell, el cual se podría interpretar como un divertido homenaje a los ejemplos en los cuales se inspira, algo evidente en la propia Jessica Rothe, que en muchos momentos puede recordar a otras clásicas scream queens que ha dado el género slasher.

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