Entre machacas y becarios

House: su ¿último? saludo en el escenario (OJO SPOILERS)

 
Mi historia con el Doctor Gregory House ha sido curiosa y larga durante sus 8 temporadas de vida. Me recuerdo que decidí iniciar la serie cuando esta comenzó en Cuatro, porque el caracter del personaje me llamaba mucho la atención (¿un doctor borde y descarado? ¡eso tengo que verlo!) Cuando descubrí las ventajas de internet fue una de las primeras series que empecé a bajar para ver en versión original subtitulada, y que luego veía en su emisión en abierto doblada al español. Y eso al principio lo hacía yendo al locutorio cuando no tenía internet propio, y ya en casa cuando lo cogí, por lo que han sido muchas las peripecias y los medios por los que he visto yo una serie que, sin duda, creo que deja encasillado al actor Hugh Laurie como tan ¿insigne? miembro del grupo de doctores vistos en series de televisión.

Una de mis aficiones es el personaje de Sherlock Holmes, y no es muy dificil darse cuenta de los muchos paralelismos que House tiene de Holmes (lo que pasa que aqui resolviendo intrincados casos médicos en lugar de intricados casos criminales como hace el popular personaje creado por Arthur Conan Doyle), algo evidente incluso en la relación entre House y Wilson, tan equivalente a su homónima entre Holmes y Watson. Incluso si nos decantamos por frases típicas, lo mismo que el popular detective tiene aquella de “Elemental querido Watson” (aunque no en sus orígenes), la más clásica de House sería su inamovible “todo el mundo miente” que ha sido su máxima durante ocho temporadas en las que hemos conocido los recovecos de un personaje escéptico, arrogante, sin sensibilidad, prepotente y muy sarcastico (aunque en algunas ocasiones dejara ver cierta humanidad bajo esa fachada)

De todas maneras ha sido la adicción de House a la vicodina (paralela a la de Holmes con la cocaina) la que ha llevado al personaje muchas veces al límite, tanto en el terreno profesional como en el personal. Es quizás en esos momentos cuando el propio esquema de la serie parecía que podía variar sobre su modo procedimental usual, al meternos al personaje principal en un psiquiátrico (primero) y en la carcel (después). Pese a ello, y por muchas vueltas que diera la vida de House, la acción durante sus 177 episodios solía estar en la mayoría de casos centrada en el problema médico que cada semana le tocaba resolver a él y su equipo. Pero no importaba, ya que el actor Hugh Laurie supo darle una forma de ser y una personalidad tan especial y carismática  que nadie se lo imagina con otra cara que no sea la suya.

¿Y porqué digo esto? Bueno, aqui viene el spoiler para los que no hayan visto aún el capítulo final (que no se emitirá en abierto en español por Cuatro hasta dentro de unas semanas) y es que el final de House como serie es otro guiño más a su homónimo Holmes, ya que finge su muerte (como hizo el detective en su lucha con Moriarty en El problema final) en un epílogo que deja las puertas abiertas para en el futuro retomar el personaje si fuera necesario (y el cheque fuese bien cuantioso) por lo que una futura secuela o (¿porqué no?) una adaptación para cine, dudo que funcione como House no tenga los rasgos del genial Hugh Laurie.

De todas maneras ha sido un final agridulce, porque en el mismo se han dado cita casi todos los personajes principales que han pasado por la serie a lo largo de estos ocho años, siendo la única ausente Lisa Cuddy (interpretada por la actriz Lisa Edelstein) lo que me ha parecido una falta notable, máxime con lo importante que fue para House en pasadas temporadas, aunque la relación entre ambos quedara rota de la peor manera posible. Pero es que con ese guiño dickensiano de ver incluso los fantasmas de personajes fallecidos en la serie como Kutner o Amber (por eso he dicho antes lo de CASI TODOS los personajes principales, incluyendo ahi hasta los muertos) ser seguidor de las andanzas médicas del protagonista y darse cuenta de tan notoria ausencia es más destacable.

Pero pese a que durante estos 8 años haya habido historias mejores o peores, o que el protagonista se haya visto rodeado de doctores cuyos personajes eran llamativos (como los iniciales Chase, Cameron y Foreman, o la posterior 13 encarnada por Olivia Wilde) o no tanto (como las doctoras Adams y Park de esta ultima temporada) todo ha girado alrededor de un personaje magnificamente construido y al que el actor Hugh Laurie ha sabido (y podido) convertir en todo un mito de la pequeña pantalla, en unos tiempos en los que personajes de tal carisma se cuentan con los dedos de un manco (perdón por el chiste borde al estilo House)

Y eso pese a admitir que se ha alargado la serie demasiado, algo evidente en esta octava temporada, sin duda la más floja de todas. Aparte de tener unos personajes que se movían sobre engranajes muy previsibles (la nueva doctora Adams estaba claro que quería ser el equivalente sexy de las anteriores Cameron y 13) o con los que ya no se sabía que hacer (Foreman), la falta de ideas para innovar sobre su esquema prefijado se ha notado en ese cancer final de Wilson, que parecía sacado de la chistera de los guionistas como solución de emergencia pero que, pese a todo, ha llevado a un final correcto y coherente, donde el personaje principal cierra una etapa de su vida para disfrutar de los últimos meses de vida de su amigo. ¿Y después? De eso quizás nos enteremos en el futuro.

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