Entre machacas y becarios

La batalla de los sexos

En el momento actual es indudable que las adaptaciones de comics de superhéroes tienen bastante éxito, pero la fidelidad es más o menos relativa, salvando contadas excepciones que se demuestran todo un acierto, siendo a veces incluso lo mejor de ese título en cuestión. En ese breve y escueto grupo de grandes aciertos tengo yo sin duda a la Gwen Stacy que encarnó Emma Stone en las dos entregas que tuvo The Amazing Spider-Man, siendo sin duda la mejor compañera que le han puesto al popular arácnido de Marvel respecto a su homóloga en las viñetas, al menos en los seis films que tiene hasta la fecha. Como es lógico a partir de ahi me interesé por los proyectos de esta actriz, que se vió consolidada por el Oscar que ganó la pasada temporada por La ciudad de las estrellas (La La Land), demostrando que no es tan solo una cara bonita (algo que escribo pensando por ejemplo en Megan Fox, que en comparación tendría un talento más… “discutible”)

Esta película es una prueba más de su versatilidad como actriz, ya que recrea a Billie Jean King, una tenista que estaba en el número 1 del ranking femenino a principios de los años setenta; que defendiendo la igualdad salarial entre hombres y mujeres compitió contra el entonces retirado Bobby Riggs (personaje a cargo de Steve Carell), un veterano tenista que se jactaba de su condición machista ya que tanto para él como para la mayoría de hombres en aquella época (e incluso aún hoy en día vigente para algunos) los únicos lugares en los cuales tenía que estar una mujer eran dos: la cocina y la cama.

Esta película de los directores de Pequeña Miss Sunshine gira sobre estos dos personajes, aunque en el reparto se pueden ver otras caras conocidas como las de Elisabeth Shue, Alan Cumming o Bill Pullman. Al estar ambientada en los setenta hay que reconocer el notable trabajo técnico y artístico que logra llevar al espectador hasta aquellos años, cuidando hasta el más mínimo detalle de la estética propia de aquel tiempo tanto en decorados como en escenografía, maquillaje, etc. La labor de sus dos protagonistas es también acertada, aunque según parece suaviza bastante la personalidad real que tenian ambos, hasta el punto de quedar ella como una heroina y él como un simpático fanfarrón, pese a lo cual quedan patentes en el film tanto la infidelidad de ella con su entonces marido como la ludopatía de él (esta última de forma más discreta)

El problema que arrastra no solo esta película sino toda aquella historia basada en hechos reales es esa evidente fidelidad, en mayor o menor medida, a los mismos. A eso hay que sumar su tono deportivo, que también suele hacer muy predecible que el protagonista de la historia competirá hasta el éxito final, bien sea en el propio juego o por méritos que lo elevarán como el ganador moral. Todo ello resulta evidente mientras se ve esta película, y aunque no se conozca nada de antemano sobre esta historia, haciendo previsible su resolución final (que no citaré aqui por ser evidente spoiler aunque a la mínima que uno busque información sobre este caso resulta bastante evidente) De hecho el propio tono de la película, feminista al 100%, ya deja bastante claro a lo que me refiero.

Pero pese a que esta película sea entretenida (que sin duda lo es) y esté bien llevada a cabo (lo cual nadie niega), lo triste sería que desde que ocurrieron estos hechos (en 1973) hasta ahora aún siga plenamente vigente la diferencia salarial entre hombres y mujeres, algo de lo que se han hecho eco en los últimos tiempos actrices como Jennifer Lawrence o la propia Emma Stone, protagonista de este film. El caso de ellas se hace más mediático por su condición de famosas, pero resulta evidente que en otros muchos campos profesionales sigue presente, por lo que es digno de alabar el propósito final de esta historia, que sirve para mostrar que esa lucha por la igualdad de oportunidades (y por lo tanto también a la hora de cobrar) no es algo reciente sino que se lleva arrastrando desde hace ya muchas décadas.

Aún así se le puede reprochar a la película no ahondar aún más en el tema, ciñéndose quizás de forma abusiva en la parte íntima de King, ya que su ilícita relación con otra mujer (no en vano parece ser que en la vida real Billie Jean King ha sido una acérrima defensora de los derechos del colectivo LGTB) copan bastante de sus 121 minutos de metraje. No es que me queje de ello, porque la película sabe mostrarlo desde un punto de vista acertadamente sentimental, sobretodo gracias al desparpajo de su actriz protagonista, pero eso también deja al personaje de su marido en la ficción como un mequetrefe, si bien me imagino que eso ayuda a ese tono feminista antes citado que a través de un guión de Simon Beaufoy sirve de evidente homenaje a la imagen de ella como deportista y como defensora de la igualdad entre hombres y mujeres.

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