Entre machacas y becarios

Ready Player One

Previsor que soy, hace ya unos meses que me leí la novela homónima de Ernest Cline en la que está basada esta película de Steven Spielberg, la cual ya me era previsible que estaría bien plagada de referencias a la cultura popular de los años ochenta y noventa, de las cuales también se pueden encontrar en la obra literaria, con especial notoriedad hacia las de los videojuegos de aquellos años. Con semejantes características y siendo el director de la película alguien de la talla de Steven Spielberg (sinónimo del más puro cine de entretenimiento de aquellos años), las expectativas eran considerables sobretodo tras el resbalón que tuvo con Mi amigo el gigante, su apuesta previa hacia el cine más comercial, la cual se resolvió por debajo de lo esperado tanto a nivel de crítica como de público.

A la espera de saber que tal le irá a nivel comercial, en esta ocasión el popular cineasta ha acertado, logrando ofrecer 140 minutos de notable entretenimiento, los cuales sólo tienen el handicap de leves altibajos a lo largo de toda su proyección (si se pueden considerar como tales los tramos que pasan en nuestra realidad, si bien pueden querer mostrar la diferencia con el inmenso mundo virtual en el que transcurre gran parte de la historia) Con un ritmo muy trepidante, de lo que sería un ejemplo perfecto su primera hora (que pasa en un suspiro), la gran cantidad de referencias de todo tipo es TAN INMENSA que estamos ante esa típica cinta para repetir y fijarse en nuevos detalles cada vez, ya que hay que agudizar la vista y el ingenio para pillarlos todos.

Entre lo mejor está eso de poder “entrar” en las películas: atención a cierto clásico de Stanley Kubrick basado en una obra de Stephen King que será visitado, provocando los mejores momentos de un título sin duda alguna cargado de ellos. Otro detalle que me dejó bastante sorprendido es su factura visual, que iría un paso más allá de lo logrado por James Cameron en Avatar, si bien me pasó en algunos momentos que era todo TAN virtual que se me hacía algo apabullante, aunque nunca cansino porque cuando puede parecer que agota, tiene en la recámara nuevas novedades, guiños y referencias de todo tipo como para contentar a todos, desde a los jóvenes de hoy en día como a esos que lo fuimos en las décadas de los ochenta y noventa (con especial mención a aquellos rudimentarios videojuegos iniciales, lejos de las cotas de perfeccionismo actual) Resulta evidente el trabajo del autor original de la novela, Ernest Cline, que colaboró en el guión de esta adaptación junto con Zak Penn, ya que la labor de ambos consigue mantener la esencia de la obra literaria pese a evidentes cambios de las páginas a la pantalla. También es justo reseñar la notable y muy bien ajustada banda sonora de Alan Silvestri.

Pero si su apartado visual es de excelente para arriba (de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo), el resultado final se compensa con nuestra realidad, que resulta curiosa en principio pero poco atractiva en esencia, quizás intentando mostrar porque todo el mundo escapa hacia ese idealizado universo virtual. Asimismo los actores tienen a su cargo personajes algo maníqueos, de los que poca tajada pueden sacar, provocando que en algunos casos (como el del protagonista) resulten más carismáticas sus versiones CGI que las verdaderas pese al mensaje implícito tanto en la novela como en esta adaptación, de que aunque la realidad no nos resulte atractiva, es la única que tenemos (lo cual puede ser un buen mensaje hacia esos que viven obsesionados con sus vidas virtuales, en muchos casos simple “postureo” hacia una realidad que reflejan de una manera distorsionada) Aparte de la joven Olivia Cooke, en probablemente su trabajo más comercial desde que salió de la serie Bates Motel, el personaje del que me quedé con ganas de más no sería el villano de Ben Mendelsohnn (actor que ya hizo de malo en Rogue One) sino el que lleva a cabo Mark Rylance en su nueva colaboración con Spielberg.

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